Inf. General
Objeto/Título
San Juan Bautista niño acariciando El Cordero
Nº de registro
DMB00027.00.00
Colección/Depósito
Depósito del Museo de Bellas Artes de Granada (DMB)
Autoría
Bocanegra, Pedro Atanasio
Escuela
Escuela granadina
Cronología
Circa 1680
Contexto cultural
Edad Moderna
Estilo
Barroco (Estilo)
Tipología
Pintura de caballete
Técnicas
Pintura al óleo (Técnica)
Soportes
Lienzo (Material)
Materiales
Lienzo (Material), Pigmento al aceite, Óleo
Iconografías
Figuras religiosas *, San Juan Bautista, San Juanito
Titular
Museo de Bellas Artes de Granada
Ubicación
Facultad de Medicina
Dimensiones
80 × 105 cm
Historia

La temática de San Juan Bautista niño fue muy recurrente en la iconografía cristiana del Siglo de Oro, ya que permitía unir ternura y simbolismo teológico en un solo motivo. En esta obra en particular, Bocanegra subraya la dimensión afectiva y contemplativa del santo, alejándose del pathos dramático para centrarse en una atmósfera de recogimiento y delicadeza.

Obras como esta, pensadas muy probablemente para el ámbito privado o conventual, se insertan en una corriente más intimista del Barroco español, donde el acento no está en la grandilocuencia, sino en la comunicación emocional directa entre espectador y figura sagrada. Seguramente procedería de ese ámbito íntimo conventual y en 1944 se procedió al depósito desde el Museo de Bellas Artes a la Universidad de Granada. 

Descripción

Vemos representado a San Juan Bautista en su infancia, en una escena íntima y serena, apartado en un entorno natural. El niño aparece semidesnudo, cubierto por un paño rojo que contrasta con los tonos oscuros del fondo, mientras acaricia con ternura a un cordero blanco, símbolo de Cristo y de su futura misión como precursor del mismo. A la derecha de la composición se distingue la tradicional cruz de caña, atributo iconográfico del santo que alude a la Pasión de Cristo, siendo de caña y no de madera para representar la humildad y vida ascética del santo; y la filacteria recoge su mensaje profético como precursor, anunciando a Jesús como el Cordero de Dios, de ahí que lleve una filacteria enrollada en la que se lee "Ecce Agnus Dei".

La composición se organiza en torno a una diagonal suave que conduce la mirada del espectador desde el rostro de San Juan que mira al cielo, hacia el cordero, estableciendo un diálogo visual cargado de afecto y simbolismo. El espacio natural que lo rodea —una gruta o escarpado rocoso— contribuye a reforzar el carácter contemplativo y espiritual de la escena.

En cuanto al uso del color, Bocanegra emplea una paleta predominantemente cálida y terrosa, dominada por ocres, marrones y rojizos, que acentúan el claroscuro barroco y otorgan corporeidad a las figuras. El rojo del manto funciona como punto focal cromático, mientras que el blanco del cordero introduce un valor simbólico y lumínico dentro de la penumbra envolvente.

Técnicamente, el tratamiento pictórico es delicado, especialmente en el modelado del rostro y las extremidades del niño, con transiciones suaves que reflejan el dominio de la luz y la materia característico del Barroco. La pincelada es minuciosa, pero no rígida, y permite captar tanto la textura de la piel como la suavidad del pelaje del animal.

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