Ganador del Premio Alonso Cano a la Creación Artística en la Universidad de Granada. Modalidad de Pintura. 2016
We are not in Kansas se presenta como un ejercicio de relectura icónica donde la sobriedad técnica de la pintura acrílica se pone al servicio de una estética cinematográfica desasosegante.
El artista opta por una composición de plano medio corto, rigurosamente frontal y simétrica, que sitúa al espectador ante una presencia monumentalizada del personaje de Dorothy de "El Mago de Oz". Visualmente, la pieza destaca por un uso magistral de la monocromía, donde el tratamiento del acrílico permite una transición de grises y blancos extremadamente líquida y limpia, eliminando casi por completo la huella de la pincelada para dotar a la piel de una textura casi vítrea o de porcelana. Esta suavidad en el modelado de las formas orgánicas contrasta drásticamente con la dureza geométrica de la tipografía inferior, un rótulo en rojo saturado que actúa como el único punto de ruptura cromática y que ancla la imagen en el lenguaje visual del subtitulado contemporáneo.
La luz desempeña un papel constructivo y psicológico determinante: una iluminación frontal y difusa define los volúmenes del rostro y el atuendo, pero se quiebra de forma violenta en los globos oculares. Estos, carentes de pupila o iris, se convierten en dos focos de luz blanca pura que anulan la mirada de la protagonista, transformando el retrato casi en una aparición espectral.
La estructura formal se apoya en líneas suaves y un sfumato técnico muy preciso, mientras que el fondo se resuelve de manera atmosférica, sin referencias espaciales, lo que potencia la sensación de aislamiento y extrañamiento que sugiere el título.
Esta obra, galardonada con el Premio Alonso Cano, utiliza la apropiación de un icono de la cultura popular para reflexionar sobre la pérdida de la inocencia o el extrañamiento ante la realidad actual. El título y la frase I’ve got a feeling we’re not in Kansas anymore funcionan como una ironía visual: el personaje ha "visto" algo que la ha transformado, borrando su identidad humana para convertirla en un icono espectral. El artista congela un instante de transición entre la realidad y la pesadilla, convirtiendo al singular personaje en un ser inquietante que cuestiona nuestra propia percepción del entorno.