Esta obra recibió el Premio de Pintura de los Premios Alonso Cano de 2018.
María Dolores Gallego es una artista abstracta contemporánea que usa su trabajo como herramienta de conocimiento y como medio para llevar al espectador a la reflexión.
Trata temas de interés social y personal, inspirándose en el patrimonio heredado, con motivos como el empoderamiento y la liberación de las mujeres a través del graffiti textil, así como los tiempos líquidos y cambiantes que vivimos.
Con el paso del tiempo, la obra de esta artista ha ido evolucionando de forma paralela a su vida, siendo su mayor característica el persistente uso de materiales y técnicas textiles como materiales propios del arte contemporáneo, dejando claro que se puede dibujar con hilos y pintar con planos de tejido para crear obras de arte con las que expresar sentimientos y provocar la reflexión del espectador.
La hibridación entre arte, artesanía y diseño, lo local y lo global, se respira en cada uno de sus proyectos abstractos de exultantes colores, en los que las piezas resultantes son vitales documentos de antropología visual que plantean de forma sutil la perspectiva de género, desde su propia condición femenina y mediante la reivindicación de oficios artesanales tradicionalmente vinculados a las mujeres.
La pieza Futuro líquido es un ejemplo de la pintura expandida característica de María Dolores Gallego, ejecutada mediante la combinación de pintura acrílica y lana sobre un soporte rígido de madera.
La obra utiliza un formato cuadrado girado (romboidal), una presentación que ya sugiere inestabilidad y dinamismo. El centro de la composición está dominado por una cartografía terrestre donde las masas continentales se presentan como una silueta negro mate que invade el plano, contrastando con los vibrantes degradados azules, turquesas y blancos que representan el mar y la atmósfera. Este contraste entre la tierra (sólida y oscura) y el agua (fluida y lumínica) evoca la incertidumbre y el cambio constante inherentes al concepto de modernidad líquida acuñado por Zygmunt Bauman y que el título parece invocar.
Los límites del plano central están enmarcados por franjas de un rosa intenso o magenta, un color que rompe la neutralidad del mapa y acentúa el carácter contemporáneo de la reflexión. Mediante esta yuxtaposición de elementos gráficos y materiales no convencionales, Futuro líquido se establece como una meditación visual sobre la fragilidad del conocimiento y la inestabilidad del futuro en la sociedad actual, entroncando con las ideas de Bauman sobre la fragilidad de los vínculos humanos.
En la era de la modernidad líquida, el énfasis en la libertad individual ha generado nuevas y profundas formas de inseguridad. Las antiguas estructuras sociales sólidas que garantizaban la estabilidad y la cohesión como el empleo fijo, la familia tradicional o la comunidad, se disuelven, transformándose en flujos incesantes de movilidad, consumo y conexión digital. Lejos de significar la desaparición de lo social, esta disolución implica su reconfiguración continua y precaria, donde las relaciones y los lazos comunitarios deben ser constantemente establecidos y renovados.
La mirada de María Dolores Gallego sobre esta nueva cartografía del mundo va más allá de la mera representación de fronteras terrestres y masas de agua, trascendiendo el ámbito físico para dar cabida a un concepto más filosófico en su mirada a una esfera donde la economía global ha fagocitado las formas tradicionales de establecer vínculos. El arte textil, entendido aquí como una forma de arte vinculado a lo vernacular, invita a una reflexión profunda sobre el fondo y la forma de representar el mundo en esta nueva era.