La obra Rostros, galardonada con el Premio Adquisición en los Premios Alonso Cano 2020, se configura como un vasto inventario de la identidad fragmentada a través de una serie de 28 monotipos de gouache sobre papel donde la técnica procesual se convierte en el eje narrativo del olvido. Desde una perspectiva formal, la pieza destaca por una ejecución que transita el control del medio y la espontaneidad del azar, utilizando una técnica de estampación única y no reproducible como el monotipo para explorar una rica gramática de manchas, texturas y veladuras que actúan como una metáfora visual de la degradación de la memoria.
La composición se articula mediante una repetición serial en cuadrícula que anula la jerarquía individual en favor de una reflexión colectiva, empleando una paleta cromática donde la rotundidad del negro intensifica el dramatismo y dirige la mirada hacia las fisonomías.
En cada retrato, Rocío Castellano Peñalver emplea una estética de la desaparición donde los rasgos no se definen mediante el dibujo académico, sino que emergen de la transferencia de pigmentos húmedos que, al ser presionados, pierden nitidez y se expanden de forma incontrolada. Esta naturaleza intrínseca al monotipo subraya la fragilidad del "yo", pues al no existir una matriz fija, cada rostro queda suspendido en un estado de aislamiento matérico, como una reminiscencia que se agota en el mismo instante de su aparición.
El uso de manchas líquidas y vacíos blancos genera una atmósfera espectral donde la luz del papel parece devorar los contornos, sugiriendo que la identidad es un espectro en pleno proceso de disolución bajo el peso del tiempo. De este modo, la obra logra que el error y la mancha accidental se conviertan en los verdaderos protagonistas de la representación, transformando cada retrato en el rastro o la huella de una presencia que oscila, de manera melancólica, entre la figuración reconocible y la abstracción total.