Juan Nepomuceno Torres de Yáñez (1806-1877) fue un médico y académico del siglo XIX que ocupó la cátedra de Terapéutica, Materia Médica y Medicina Legal en la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. El 21 de abril de 1854 asumió la dirección de la entonces llamada Universidad Literaria de Granada, en comisión. Su gestión al frente de la institución se consolidó de manera oficial el 4 de marzo de 1857, prolongando su mandato como rector definitivo hasta el 30 de enero de 1861.
Su periodo al frente del rectorado coincidió con una propuesta gubernamental orientada a centralizar la educación superior en España durante el Bienio Progresista, lo que situó a la institución granadina ante una seria amenaza de supresión y cierre por razones presupuestarias entre 1855 y 1857. Durante este proceso de reforma educativa, Torres de Yáñez gestionó la defensa institucional y la subsistencia de la universidad frente a las Cortes, una situación de profunda inestabilidad que concluyó con la promulgación de la Ley Moyano en septiembre de 1857, norma que garantizó definitivamente la continuidad y el rango del centro granadino.
En reconocimiento a sus méritos de carácter civil y a su estatus institucional, fue distinguido como Comendador de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, condecoración cuyas insignias lleva en el pecho en este retrato. Además, también fue numerario de la Real Academia de Medicina y Cirugía y director de la Real Sociedad Económica de Amigos del País (1862)
El retrato de Juan Nepomuceno Torres de Yáñez fue realizado en 2023 por Bernardino Sánchez Bayo por encargo de la Universidad de Granada para completar su galería de rectores. El artista recuperó la fisonomía histórica del rector haciendo uso de un lenguaje pictórico de corte realista, basándose en una fotografía. La obra destaca por una construcción sobria y equilibrada donde el tratamiento de la luz y el color se supeditan a la presencia institucional de la figura.
La composición se estructura a partir de un formato vertical, en un plano de tres cuartos, donde el retratado se dispone en una postura orientada hacia el margen izquierdo, rompiendo la frontalidad con el torso mientras que su mirada se dirige de forma fija hacia el espectador. La figura del rector se recorta sobre un fondo neutro y oscuro, y el margen inferior, ocupado por una cartela rectangular que asienta la obra y contiene la inscripción caligráfica en letras doradas: "EXCMO. SR. D. JUAN NEPOMUCENO TORRES DE YÁÑEZ, COMENDADOR DE LA REAL ORDEN / AMERICANA DE ISABEL LA CATÓLICA. CATEDRÁTICO DE LA FACULTAD DE MEDICINA Y RECTOR, / EN COMISIÓN, DE LA UNIVERSIDAD LITERARIA DE GRANADA DESDE EL 21 DE ABRIL DE 1854. / POR R.D. DE 4 DE MARZO DE 1857 ES DEFINITIVAMENTE NOMBRADO RECTOR / HASTA EL 30 DE ENERO DE 1861" . El peso visual del retrato se equilibra mediante un eje diagonal que recorre desde el rostro iluminado, pasando por las condecoraciones del pecho, hasta la mano derecha, que se apoya sobre una pila de libros en el ángulo inferior izquierdo.
Sánchez Bayo maneja la línea y la forma con nitidez en los puntos de interés principal. La silueta del personaje se perfila con claridad sobre el fondo gracias al contraste lumínico, destacando la rigidez del cuello blanco que enmarca la cabeza.
El cromatismo se ciñe a una paleta restringida y austera, donde predominan los negros profundos de la toga académica y el fondo. Esta sobriedad se quiebra a través de focos de color localizados como la blancura limpia de la puñeta de encaje y el cuello, los destellos metalizados y rojizos de las medallas e insignias de la Orden de Isabel la Católica que penden del cuello, y el matiz dorado del anillo en la mano, atrayendo la atención del espectador. Las carnaciones del rostro y la mano aportan las únicas notas cálidas, resueltas con una gradación natural de tonos rosáceos y ocres.
La luz desempeña un papel constructivo imprescindible, inspirándose en la tipología más académica y clásica del retrato. Un foco dirigido desde el lateral superior izquierdo incide directamente sobre el rostro y la mano en primer plano, concediéndoles protagonismo sobre los negros. Este uso de la luz modela con suavidad los volúmenes de las facciones, el bigote y el cabello, enfatizando la tridimensionalidad a la figura sin generar sombras duras.
En cuanto a la materialidad y la textura de la pieza, el artista recurre una factura pulida, donde la intención de la pincelada es casi invisibleen las carnaciones, la lazada de las medallas y la compleja filigrana del encaje de la puñeta, con una aplicación más densa y opaca en la toga. El fondo plano elimina cualquier distracción espacial, concentrando toda la fuerza plástica en la presencia del retratado.