La ilustración conmemorativa realizada por Candela Sierra con motivo del V Centenario de la Universidad de Granada es una obra de formato apaisado que articula un complejo discurso histórico e institucional mediante la síntesis del lenguaje del cómic y la ilustración vectorial, incluyendo además una cita gráfica.
Compositivamente, la pieza se articula en torno a la cifra monumental «500», cuyos tres dígitos actúan como marcos que encuadran distintas etapas del devenir de la institución. Estos números recortados se abren sobre una base de grutescos y motivos platerescos en tonos pardos y oscuros, repleta de querubines, follajes y figuras mitológicas, que evoca la estética de las portadas tipográficas del Renacimiento.
Dentro del primer dígito, la escena se sustenta sobre la célebre vista de la ciudad titulada Granada (1563), obra de Joris Hoefnagel (publicada en el Civitates Orbis Terrarum de Braun y Hogenberg), mostrando la Alhambra al fondo, el trazado de las murallas y los caminos rústicos en primer término. Sobre este paisaje histórico destaca la figura ecuestre de Carlos V con armadura, en alusión directa al retrato de Carlos V en Mühlberg de Tiziano, una referencia tamizada también por las revisiones del Equipo Equipo RO-TO custodia de la UGR, junto a otros personajes que aparecen en la obra de Hoefnagel.
En el primer cero, la composición adopta una estructura simétrica centrada en la monumental portada de acceso a la Capilla Real de Granada. La escena recrea un acontecimiento histórico donde la pareja imperial, formada por Carlos V e Isabel de Portugal, dialoga frente al arco de entrada con un canónigo o personalidad eclesiástica. Este pasaje rinde culto al germen de la institución, pues fue precisamente en este lugar sondesurgió la iniciativa impulsada por el emperador para dotar a Granada de estudios universitarios, semilla que fructificaría pocos años después con la bula de Clemente VII en 1531.
En el segundo cero, el encuadre se transforma en un espacio escalonado a modo de bancada universitaria que condensa la evolución de la comunidad académica a través del tiempo. Dispuestos en gradas ascendentes, se observa a miembros del alumnado que transitan desde las vestimentas estamentales del Renacimiento e Ilustración (becas, mucetas y hábitos de las antiguas facultades) en la franja inferior, pasando por la burguesía y la incorporación de las primeras mujeres en los siglos XIX y XX en el centro, hasta culminar en la cima con estudiantes e investigadoras contemporáneas haciendo uso de material tecnológico como ordenadores portátiles y microscopios.
Cromáticamente, destaca la contraposición de la densidad parda de la cenefa decorativa exterior con una paleta clara, plana y luminosa en el interior de los dígitos, donde predominan los ocres, encarnados, azules pálidos y verdes.
Técnicamente, la obra trasciende la ilustración conmemorativa para construir un friso histórico organizado a base de módulos, a través de los cuales la obra sintetiza en una sólida metáfora visual la continuidad de la Universidad de Granada a lo largo de sus cinco siglos de historia.