Retrato de Benito Puente Márquez, representado en posición sedente y dispuesto tres cuartos hacia su izquierda, con su mirada severa y directa hacia el espectador. El retratado se acomoda en un sillón de aparato de madera tallada y respaldo de damasco carmesí, situado detrás de una mesa con tapete granate sobre el que reposa solamente un grueso libro abierto que él señala firmemente con su dedo índice izquierdo la página con correspondiente al "Título XVI". Este gesto es muy usado en pintura desde el Renacimiento para focalizar la importancia de lo señalado o, como en este caso, ligado a la erudición y/o jurisprudencia.
Viste con garnacha y golilla como director de la Real Chancillería de Granada. En su pecho, hasta tres cruces de condecoraciones y reconocimientos civiles.
Obra inscrita en un lenguaje realista de tradición académica, ejecutada con una factura pictórica suelta y un tratamiento atmosférico del fondo que evidencia recursos propios de la pintura del XIX, pero alejándose del acabado pulido característico del retrato académico decimonónico.